A veces como papás sentimos que estamos en una cuerda floja: si les damos mucha libertad, sentimos que “se nos suben a las barbas”, pero si somos muy estrictos, nos da miedo apagar su chispa. Parece que disciplina y autonomía no pueden ir de la mano, ¿verdad?
Sin embargo, la filosofía de Reggio Emilia nos enseña algo increíble: estas dos ideas no tienen por qué pelearse. Cuando vemos a nuestros hijos como pequeños ciudadanos con derechos —y no solo como “niños que deben obedecer”—, las reglas dejan de ser mandatos impuestos y se convierten en acuerdos basados en el respeto.
De “poner límites” a “crear acuerdos”
La clave está en de dónde viene la regla. No es lo mismo obedecer por miedo al castigo (esa obediencia ciega que todos conocemos) que seguir una norma porque entiendes por qué es importante. Eso es construir autonomía.
¿Cómo podemos llevar esto del salón de clases a la sala de nuestra casa? Aquí te dejo tres ideas prácticas:
- Involúcralos de verdad: No llegues a la mesa con el “reglamento de la casa” ya impreso. Mejor siéntate con ellos y pregunta: “¿Qué necesitamos para que todos disfrutemos la hora de la cena y estemos tranquilos?”. Te vas a sorprender de sus respuestas.
- Diles qué SÍ hacer: En lugar de llenar la casa de “No hagas esto”, usemos lenguaje positivo. Cambia el “¡No grites!” por un “Usemos voz de casa”. Es mucho más fácil seguir una instrucción cuando sabes exactamente qué se espera de ti.
- Hazlo visual: Los niños entienden mejor lo que ven. Dibujen sus acuerdos. Si decidieron que hay que cuidar los juguetes, hagan un dibujo de ellos guardando sus cosas. Así, el compromiso es visual y compartido.
¿Cómo negociar sin perder el control?
Ojo, negociar no significa que ellos hacen lo que quieren. Significa que su voz cuenta. Para lograrlo sin caos, prueba estos tres pasos:
- Valida lo que sienten: “Sé que te estás divirtiendo muchísimo y no quieres dejar de jugar, te entiendo…”.
- Explica la razón real: Olvídate del “porque yo lo digo”. Prueba con: “Necesitamos dormir ahora para que mañana tengas toda la energía del mundo para ir al parque”.
- Dales opciones (dentro de tus límites): El límite no se negocia (hay que ir a dormir), pero el proceso sí. “¿Quieres ponerte la pijama de dinosaurios o la de estrellas?”. Ahí es donde ellos sienten que tienen el control de su vida.
El resultado: Criar ciudadanos, no súbditos
Cuando los niños ayudan a construir su entorno, sienten que pertenecen a él. Un niño que participó en el acuerdo de “en esta casa nos hablamos con cariño”, va a cuidar esa regla porque la siente suya, no porque alguien lo esté vigilando.
Al final, no buscamos niños “bien portados” que solo sigan órdenes, sino seres humanos que sepan decidir por sí mismos, que piensen por qué hacen las cosas y que crezcan sabiendo que su opinión realmente importa.







